Para
poder trazar este puente sobre el curso de nuestra vida, es necesario
disponer de una plataforma sólida sobre la que construir. Un
lugar desde donde la misión de transformar sea efectiva tanto
para los de un lado como para los del otro. Este lugar nos ha venido
dado: LA ESCUELA.
La
escuela debe ser un lugar de encuentro entre realidades, de
superación de barreras. Un lugar abierto que esté
invadido por una cultura de la solidaridad y la Justicia.
La
escuela, como lugar privilegiado para el encuentro de niños y
adultos, de padres, de profesores y de alumnos, de jóvenes y
mayores.
En
una escuela que se preocupa por la formación total de los
jóvenes. Especialmente su espíritu, su conciencia, su
voluntad.
Una
escuela abierta a la realidad, que está presente en el mundo,
que es signo en medio de la sociedad. Una escuela que acoge, que
denuncia, que cuida, que transforma. En una escuela capaz de
acompañar en un camino de plenitud a los hombres, porque tiene
algo especial que ofrecer.
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